miércoles, 18 de enero de 2012

¿Qué es ser líder? Liderazgo diferente para una sociedad diferente

NOTA PUBLICADA EN http://www.neuquen.com.ar/sociedad/4342-ique-es-ser-lider-hoy.html

Hacia el año 500 AC, Confucio recorrió gran parte de China tratando de persuadir a varios señores feudales acerca de cómo liderar sus reinos de la forma más eficaz, y les infundía que para que todo fuera de la mejor manera, uno debía ser simplemente benevolente, humano, justo y moderado.

Doscientos años más tarde, el primer emperador de China, Chin Shih Huang Ti, respondió a Confucio de forma concluyente y clara: entierra vivos parte de 460 de sus monjes, y el resto hasta el cuello para después ser decapitados.

Dos estilos muy diferentes de liderar. Y para tranquilidad de todos nosotros, con algunas nefastas excepciones que han quedado consignadas en la historia, el primero ha sido más emulado que el segundo.

Este es solo un ejemplo de cómo la esencia  de liderazgo ha evolucionado a lo largo de los tiempos  a partir de la inestabilidad en los contextos socio-económicos, los continuos procesos migratorios, cambios en la composición de las familias e incluso en la cada día más fuerte revolución tecnológica.

Los primeros estudios sobre liderazgo estuvieron enfocados a encontrar los rasgos psicológicos inherentes a los líderes eficaces en características como inteligencia, voluntad, sociabilidad y condiciones de autoridad.

Con la llegada de la era de los grandes cambios en donde la información está a la  mano de todos, el mundo es  globalizado y sin barreras de distancia, surgen nuevos sectores económicos, una cultura de la innovación y una nueva forma  de reconocer el trabajo,  se ha venido cumpliendo de alguna forma lo dicho por Peter Drucker, llamado el padre de la administración moderna: «Hay que empezar de nuevo...lo que sabíamos sobre dirección ya no es válido”

Y así fue,  ante todo ese mundo de conocimiento a su alcance y los cambios generales señalados, los seres humanos comenzamos a percibir más nuestra autonomía, cuestionando la sumisión y la resignación pasiva y ya no esperamos leyes y normas externas como respuesta a nuestras preguntas.

¿Cómo se refleja esto en el nuevo concepto de liderazgo en una sociedad? ¿En una empresa? En ese contexto, el líder jerárquico que simplemente ordena para se cumpla ya no funciona y nació  otra clase de líder basado en la ética, en las relaciones y emociones, que propicia el crecimiento de los demás, que inspira confianza, que tiene la capacidad de dinamizar equipos, que no pierde de vista su  horizonte y empodera a quienes están a su alrededor para que tomen decisiones y se hagan responsables de ellas.

Todo esto lleva a que cada día se esté entendiendo con mayor profundidad el concepto de que “para liderar a los demás, debes partir por liderarte a ti mismo”,  pues eso llevará a  utilizar una actitud positiva ante colaboradores y seguidores, quienes  para decidir si confían en otra persona como líder, lo que hacen es observar su comportamiento, determinar si se trata de una persona noble y digna de confianza o de un egoísta que sólo se sirve a sí mismo y utiliza su autoridad únicamente para ascender.
  
 Eso es ser líder hoy.

jueves, 12 de enero de 2012

¿Con qué tipo de piedras has llenado el frasco de tu vida?

Hace algún tiempo atrás escuché la siguiente historia que me impactó por los cuestionamientos que generó en mi vida.

Un  conferencista estaba ante un grupo de personas y les mostró un frasco de cristal y un montón de piedras del tamaño de un puño. “¿Cuántas piedras caben  en el frasco?”, preguntó.
Mientras el público hacia sus conjeturas, fue introduciendo piedras en el frasco hasta llenarlo. Luego preguntó: “¿Está lleno?”. Todos asintieron. Entonces sacó de debajo de la mesa un cubo con gravilla, puso parte de ella en el frasco y lo agitó. Las piedrecitas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes. El experto volvió a preguntar: “¿Está lleno?”. Esta vez, los asistentes dudaron.

“Tal vez no”, dijo uno, y, acto seguido, el conferenciante extrajo un saquito de arena y la metió dentro del frasco. “¿Y ahora?”, inquirió. “¡No!”, exclamó el público, y tomó un jarro de agua que empezó a verter dentro del recipiente. Éste aún no rebosaba.

Terminada la demostración, preguntó: “¿Qué acabo de demostrar?”. Uno de los asistentes respondió: “Que no importa lo llena que esté tu agenda; si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan más cosas”.
“¡No!”, dijo el conferencista, acabo de demostrar que  “Si no pones las piedras grandes al principio, luego ya no cabrán”.

 Muchas veces llenamos el frasco de nuestra vida  con cosas que van apareciendo en el camino y que si bien nos dan bienestar y satisfacción en el momento, le quitan espacio a otras realmente fundamentales.
Drogas,  alcohol sin control,  amistades que poco o nada aportan a nuestra vida,  conversaciones  que arrojan sentimientos negativos, uso pernicioso de internet, búsqueda obsesiva de dinero o poder, pueden ser solo algunas de esas piedras que sin darnos cuenta van copando espacios que bien podrían estar ocupados por actividades o personas que aportan y apoyan el crecimiento personal.

Desocupar, vaciar un frasco lleno de piedras sin valor, es una tarea que aunque a simple vista podría ser sencilla, no lo es, porque muchas de ellas ya se han adherido muy fuertemente y han encajado de forma perfecta con otras igualmente inocuas. Recuerda que la repetición de acciones, genera hábitos en tus pensamientos y estos a su vez pueden llegar a forjar creencias que marcarán tus próximos pensamientos y por ende tus próximas acciones, es un círculo.

¿Cuáles son las piedras grandes en tu vida? ¿Tu familia? ¿tu pareja? ¿tus hijos? ¿tus sueños? ¿tu espiritualidad?. Una vez las tengas claras, emprende acciones hacia lo verdaderamente importante  y a partir de allí, lo demás hallará su lugar.

martes, 20 de diciembre de 2011

¿Sabias que como conduces tu auto... podrías estar conduciendo tu vida?

El carril izquierdo, supuestamente el de mayor velocidad, era ese día el más lento. Al lado derecho se veía como fluía el tráfico sin mayor problema, mientras que nosotros avanzábamos muy muy lentamente. Una leve ansiedad comenzó a gestarse dentro de mí, pero no por lo que estaba sucediendo, sino por la manera como la persona que iba conduciendo el auto en el que me encontraba estaba asumiendo la situación.

¿Por qué no sale de esta fila si no se mueve? Me preguntaba internamente, pero no me atrevía a trasladarle la pregunta a él pues no tenía la suficiente confianza como para hacerlo. Y mientras tanto, esta persona hablaba tranquilamente como si lo que estuviera pasando a su alrededor no importara. Finalmente, terminé resignándome, respirar  y  no mirar el carril de al lado para no agobiarme más.

A partir de ese momento, de esto ya hace varios años, y sin proponérmelo concientemente, analicé el estilo de conducción de cada uno de mis amigos o personas con las cuales por alguna circunstancia debía compartir  un automóvil, e incluso, analicé mi propio estilo y lo que encontré cada día me sorprende más: había en cada caso una relación directa entre ese estilo y la forma cómo afrontaban en general la vida.

El conducir sin cambiar de carril así este fuera el más lento iba acompañado de una corporalidad especial: las dos manos aferradas totalmente al timón, con fuerza, aún cuando estaban tomando una curva,  espalda recta contra el asiento, mirada fija al frente e incluso en algunos momentos levantaban un poco su cuerpo del asiento para mirar mejor el camino.

Estas personas fuera del auto eran de dos tipos extremos: el primero inseguro en sus acciones, pensaban dos veces antes de tomar una decisión, su voz generalmente no era fuerte y podían ser fácilmente seguidores no líderes.

Y el segundo, que tenía una variación en la conducción y era que soltaban un poco más el timón, eso si nunca miraban al copiloto, pero se veían un poco más relajados y en algún momento se decidían cambiar de carril cuando veían que el otro estaba totalmente desocupado, por lo tanto solo aceleraban un poco al realizar la acción.  Estos eran personas mas seguras de sí mismas, pero solo de sí mismas. Pocas veces les importaba trabajar en equipo, solo cuando requerían del apoyo de las personas que le rodeaban. En ocasiones manipuladores y, como en su estilo de conducción, no se salían de una posición cómoda hasta que no veían que el nuevo espacio no les iba a implicar mayores presiones y  podrían rápidamente volver a avanzar sin preocupaciones.

Noté otro tipo de conducción. Personas que iban muy relajadas al volante, no siempre tenían las dos manos aferradas a él, sino que en ocasiones soltaban una de ellas y dejaban la otra libre para  que descansara o la colocaban en la palanca de cambios. No se mantenían en un solo carril. Miraban cual era el que mas movilidad tenía y a la mejor oportunidad cambiaban para ir a un ritmo mayor.  Eran capaces de mirar de vez en cuando al copiloto para demostrar que estaban interesados en la conversación y a la vez mantener la mirada fija no en el carro de adelante sino varios carros en frente y de esa manera preveían que alguno se iba a detener o que era hora de cambiar de carril.

Estas personas al bajarse del auto, eran por lo general personas que tomaban decisiones con celeridad, asumían riesgos y estaban conscientes de que era necesario preveer las acciones para ello. Algo muy interesante era que tenían una gran capacidad para trabajar en equipo.

Y ni que decir de los modales, forma de asumir los imprevistos en la conducción -cuando un carro se atraviesa, botar papeles fuera del auto, la forma de hablar y juzgar a los otros conductores, el cuidado y limpieza al auto-, todo reflejaba en gran medida, quién era esa persona una vez apagaba el vehículo y continuaba su vida normal.

Todo lo anterior no es comprobado científicamente, alguien de repente lo debe estar haciendo ya, pero si refleja una vez más que quienes somos está presente en cada faceta de nuestra vida. La forma como conducimos nuestra vida y la de quienes forman parte de ella es el resultado de un aprendizaje en su gran mayoría inconsciente y lo demostramos en cada acción.

Si tu vida fuera un vehículo ¿cuál sería tu placa, tu identificación? ¿cómo te verías reflejado en sus espejos? ¿Qué clase de conductor estás siendo?¿Miras a tus copilotos o solo miras al frente?¿te mantienes en tu zona cómoda pase lo que pase, así estés viendo que el mundo va a otra velocidad y que hay mas oportunidades para tí?

¡¡FELIZ NAVIDAD GRANDES CONDUCTORES DE LA VIDA!!

jueves, 15 de diciembre de 2011

Fútbol y Liderazgo, una interesante combinación

Quienes me conocen saben que el fútbol no es mi tema preferido, que no veo partidos de ninguna índole y que no tengo equipos favoritos.  Sin embargo, por obvias razones, me es imposible apartarme del tema totalmente, entre otras porque más allá de lo que representa este  espectáculo deportivo, en su práctica hay interesantes lecciones de dirección y organización de equipos corporativos y ¿por qué no?...el equipo más importante de nuestras vidas: la familia.

Para empezar recordemos lo que forma parte de un juego de fútbol: jugadores ubicados en una cancha, árbitros, espectadores, bulla, goles, faltas, emoción. Pues bien, ahora pensemos en cada uno de estos elementos  como un componente de las relaciones al interior de una organización.

Arranquemos con  los espectadores. En el fútbol ni se duda de su importancia. Ellos son quienes inspiran a los jugadores y a los equipos. Son amorosos  cuando el equipo gana, pero pueden llegar a ser muy despiadados cuando los resultados no son los esperados. ¿Puede sonar similar esto si se lleva al terreno corporativo? Las empresas y cada uno de sus integrantes se deben a sus clientes, usuarios y otros públicos de interés. Y son ellos quienes serán los primeros en subirlas a un pedestal o en hundirlas  en caso de que no respondan a las promesas que han hecho.

Vamos al campo de juego. Hablemos de los jugadores. El fútbol se caracteriza por una  concreta definición de roles, así que del acertado desempeño individual, en función del equipo, dependerá  el resultado del encuentro. Igual debe ocurrir en una organización, pues  cuando no se tienen claros los alcances de los roles de cada uno de sus miembros, o la balanza tiende a favorecer solo el desempeño individual, ¿qué tipo de resultados de equipo se puede esperar?

 ¿Cuándo hay mayor bulla en un partido, cuando se hace un gol o cuando hay una falta?... Claramente cuando hay un gol. Un estadio retumba, se oyen pitos, gritos de alegría, en tanto que frente a una falta habrá abucheo de parte de los hinchas del equipo contrario pero el ruido no supera la celebración de una anotación. 

¿Será que esto ocurre en una organización o en nuestra familia?¿Cuándo se hace mayor bulla, cuando hay un resultado positivo, o cuando alguien comete un error? Hay que recordar que aquellas conductas en las que se centre mayor la atención serán las que se van a mantener.

Esto nos lleva a analizar cómo  en el fútbol, el feedback es automático, el público no espera una hora o un día para responder a una acción. Es inmediato y eso  indica a los jugadores y al entrenador que deben replantear alguna táctica. Así mismo, en la organización un llamado de atención o corrección de un error no debiera esperar al comité mensual o quincenal. Es fundamental estructurar un esquema de feedback  automático en cabeza de los líderes de los equipos, que lleve al pronto ajuste del proceso humano, técnico u operativo.
En el futbol, como en la vida y en las organizaciones, no hay fracaso, hay feedback.

Y finalmente está el tema del tiempo. En este deporte  hay 90 minutos básicos y unos cuantos más de alargue por faltas, pero no es indefinido. Ningún equipo llega pensando “aquí estaremos hasta que logremos ganar no importa el tiempo que pase”. Esto mismo debería ser una regla de oro organizacional, personal y familiar: el planteamiento de metas y objetivos corporativos tiene que tener entre sus características ser definidas en el tiempo, una fecha, un horizonte claro hacia el cual dirigirse asertivamente.

En resumen ¿Qué motiva del futbol? El objetivo y la meta son claros, al igual que las reglas (método)-. Todos saben el marcador, el reconocimiento es inmediato y efusivo. El tiempo de juego es limitado lo cual crea una competencia sana. Y está permitido impulsa y mostrar talentos y dones personales al servicio del equipo. ¿Qué motiva a tu organización y/o tu familia?
                                                                                                                            
  En twitter @liderazgoarriba

martes, 6 de diciembre de 2011

Carpa, tiburón o delfin... tres formas de ver la vida

¿Recuerdas la historia de la zanahoria, el huevo y el café? Tres elementos distintos sometidos a las mismas condiciones - agua hirviendo- y respondieron de forma diferente. ¡Que ideal ser café!

Ahora te propongo realizar otro ejercicio de autoreflexión para continuar ahondando en la forma como ves la vida y así mismo la estás viviendo. La pregunta ahora es ¿ carpa, tiburón o delfin?

Vamos primero con la carpa, un animal que sigue la ley de la menor resistencia. Es prácticamente ciega. Quien vive como una carpa no sabe lo que sucede. Está desconectado de la realidad. No le gusta autoafirmarse. Tiene miedo de decir no. Y lo que piensa de su
vida cotidiana es esto: El Universo es un lugar donde reina la escasez. No jugaré porque no voy a ganar…Si juego, perderé sé que no ganaré. La carpa no ve ni a corto ni a largo plazo… no ve. Se sacrifica durante toda su existencia. Todas las víctimas del mundo lo son.

El tiburón, por su parte, consigue ver a corto plazo, pero ignora ver las consecuencias a largo plazo. Siempre quiere sacar ventaja sobre los otros. Juega al juego del ganar- perder. No tiene confianza en sí mismos ni en los demás, y no inspira confianza a nadie. En su vida cotidiana piensa de un modo similar a la carpa. El Universo es un lugar de escasez, no hay suficiente para todos, por lo tanto, yo lograré lo mío, cueste lo que cueste.

Existe una tercera manera de vivir y comunicarse con el mundo. Es una alternativa  que se encuentra más allá de la preocupación por la mera supervivencia, y significa un cambio de paradigma. Es la estrategia del delfín, que cultiva la confianza en todos los sentidos: en sí mismo, en los demás y en el Universo entero. Juega al juego del ganar-ganar. Sabe hacer más con menos. Vive a largo plazo, y al mismo tiempo vive atento al presente.

El delfín piensa así: el Universo es en potencia un lugar abundante, hay de todo para todos. Para que yo gane, nadie necesita perder, a no ser que insista en ello, y entonces es su problema.

Son Tres maneras diferentes de percibir el mundo, tres “mapas” que generan distintas actitudes y consiguen también otros resultados,

La vida es un mar de lágrimas
La vida es una lucha constante
La vida es ayudar y servir

Cuando nacemos nos vemos insertos en una familia que tiene una visión de la realidad y de los demás. Cuando llegamos a una empresa, también.

Tener éxito es cumplir los objetivos de producción
Tener éxito es ganarle a la competencia
Tener éxito es subir de puesto y ganar más dinero

Esa visióm de la realidad es un cristal que tiñe todo lo que sucede. Vivimos inmersos en ese color, y hace que veamos todo con ese tinte.

Por ejemplo: Si estás convencido de que “La vida es un mar de lagrimas” cada vez que te sientas contento supondrás que durará poco, o que estás “robando” segundos de algo que no  corresponde.

¿Tienes clara cuál es tu enfoque al mirar el mundo? ¿Qué resultados has obtenido?

martes, 15 de noviembre de 2011

Dime cómo hablas y te diré donde llegarás


Dos personas hablan animadamente en la empresa. Te acercas sigilosamente y alcanzas a escuchar una conversación de esta naturaleza:
-          ¿Y por qué no te animas a hacerlo? Si quieres yo hablo con el jefe y le digo que tu quieres
-          ¡No, no! ¿Y si sale mal? Ahí si todo se me acaba de dañar, capaz y me echan
-          ¿Pero por qué va a salir mal?
-          Pues porque es muy difícil y porque yo siempre termino dañando todo
-          Pero si es tu oportunidad para ascender ¿luego no necesitas la plata?
-          Pues sí, pero mejor me quedo quietic@ y no arriesgo lo poco que tengo


Y si te quedaras unos minutos más, de seguro la conversación no tomará otro rumbo. Adivina a donde llega el personaje que se resiste a tomar esa oportunidad que puede mejorar su situación… A ningún lado y  si te lo encuentras hablando con un amigo un año después, la conversación podría tener tintes similares.

Por eso “dime cómo hablas y te diré donde llegarás”. Es muy común encontrar personas que viven la vida entera en la conversación de juicios personales, lamentándose por lo que sucedió, buscando responsables, haciendo crecer sus historias y siempre quedándose en el mismo sitio.

Esto es lo que se llama una conversación enfocada en juicios. Rescato acá los dominios bajo los cuales, de acuerdo con Rafael Echavarría, se pueden ver este tipo de juicios.

El primero de ellos es el Dominio de la responsabilidad: Hay quienes se hacen responsables de todo lo que les acontece pero de forma autoflagelante y cada situación crítica les  sirve para demostrar  adicionalmente lo inadecuados, incompetentes, poco inteligentes, que siempre dicen ser. Y, en el otro extremo, están los que escasamente asumen responsabilidad ellos mismos y  normalmente culpan a otros, o le atribuyen los acontecimientos al azar, a la mala suerte. ¿Estás en alguno de estos grupos?

El segundo es el Dominio de la inclusividad en donde cada equivocación específica o situación  particular  sirve para  hacer un enjuiciamiento global. En lugar de decir que soy malo para correr digo que soy malo para todos los deportes ¡eso no es para mí! Y finalmente está el dominio de la temporalidad en donde o se atribuye lo que sucedió a un mal momento o se califica como un “siempre”. “Siempre tan desordenado”

Lo importante de todo esto es que quien se queda en la conversación de juicios es que acaba liquidando cualquier posibilidad de transformar su estado actual. ¿Cuántas veces has encontrado a personas que están paralizadas, incapaces de tomar las acciones que podrían sacarlos de aquello que los hace sufrir? Los vemos poseídos por sus historias y juicios personales. Pasan de uno a otro, en una cadena sin fin. Pero muy poco más acontece a su alrededor. ¿Tu mismo estas o has estado en esa situación?

En cambio  las conversaciones encaminadas a la coordinación de acciones abren la puerta para lograr que algo pase e  intervenir en el estado actual de las cosas. Cuando entramos en ellas nos hacemos cargo de las consecuencias y procuramos cambiar aquello que nos limita.

¿Cuántas puertas abriría una empresa si en su interior se fomentaran  este último tipo de conversaciones que posibilitan, en lugar de aquellas que enjuician, rumoran y generan estancamientos? ¿Qué posibilidades se te abrirían a ti mismo si generaras el hábito de conversar enfocado a la acción?