Todo lo que vívidamente imaginemos, ardientemente deseemos, sinceramente creamos y entusiastamente emprendamos, inevitablemente sucederá. Esta es una frase de Paul Meyer uno de los gurús mundiales del desarrollo personal y que nos permite abordar el tema que a profundidad tratamos en la emisión del pasado sábado de nuestro magazín radial Mujer Patagónica: cómo alcanzar lo que nos proponemos.
Tener un pensamiento y una actitud adecuada para la consecución de nuestros objetivos es el primer paso para ello, pero no es suficiente. Hay quienes malentienden aquello de tener actitud positiva o creer firmemente de que algo va a pasar y se quedan en esa instancia en donde faltan otros elementos que impedirán muy seguramente el cumplimiento de los deseos iniciales, llevando a sentimientos de frustración, posterior incredulidad y en muchos casos la construcción de creencias limitantes que son aplicadas para futuras situaciones: yo ya lo “intenté” y no funcionó.
Desde la mirada del coaching, la realidad es que siempre nos encontramos en un punto A, nuestra situación actual, y necesitamos llegar a un punto B, que vendría a ser nuestra situación deseada. No tengo carro (A) y quiero tener uno (B); estoy sol@ (A) y quiero tener una pareja (B); vivo infeliz (A) y quiero estar feliz(B). La cuestión es cómo avanzar en la distancia que separa los dos puntos, en otras palabras, qué brechas debo atravesar para alcanzar efectivamente el logro de mis objetivos.
Durante el programa hablamos uno a uno las implicaciones de cinco brechas básicas y qué preguntas nos pueden ayudar para atravesarlas. Para ejemplificar voy a tomar una situación cualquiera: estoy insatisfecha con mi actual trabajo y quiero cambiar. El primer paso es claramente definir cuál es el cambio que se quiere y una vez definido se aplica el proceso de atravesar brechas:
1. Brecha de aprendizaje: ¿qué debo aprender para lograr lo que quiero? De repente debo iniciar un curso específico, mejorar mi conocimiento en alguna área, aprender a administrar, aprender a vender o aprender a controlar mis nervios. ¿Qué debo aprender para lograr lo que quiero? ¿En quién me puedo apoyar?
2. Brecha de recursos: ¿Para lograr lo que quiero qué necesito? No se trata solo de recursos financieros los cuales son los primeros que generalmente vienen a la cabeza. Pensemos también en recursos humanos, infraestructura, incluso recursos internos de mi propia personalidad e incluso vencer algún temor o limitación.
3. Brecha de comunicación: ¿Cómo estoy formulando los objetivos que persigo? En muchas ocasiones una meta está condenada al fracaso porque no la formulo de forma adecuada y por ende es vaga y no queda clara ni para mí mismo ni para quienes de pronto tienen que formar parte del proceso. Aunque es tema para profundizar, de forma general podemos decir que debe formularse de forma específica, realizable, medible y en un lapso de tiempo definido desde el comienzo. ¿En cuánto tiempo voy a realizar el cambio que quiero?
4. Brecha de Creencias. ¿Qué pensamientos o creencias limitantes me pueden impedir conseguir lo que quiero? Es increíble, pero los principales saboteadores de nuestros logros somos nosotros mismos. No creemos en muchas ocasiones de qué somos capaces, de lo que tenemos, de lo que nos fue dado y del potencial que tenemos.
5. Brecha de Acción. ¿Qué me impide empezar a obtener lo que quiero? De nada sirve recorrer el anterior camino, planear, romper creencias, concientizarnos de lo que tenemos y lo que no, si simplemente no iniciamos la acción. Por eso en la frase inicial está aquello de “entusiastamente emprendamos”.
Todo lo anterior si bien está enfocado a metas personales, también se aplican a las organizaciones, que se llenan de metas y objetivos planificados sin avanzar efectivamente porque se les olvida o dejan de lado alguna de las anteriores brechas y al final el resultado no es lo que esperaban.
Todo es posible, sí, pero es posible siempre y cuando avancemos de forma adecuada el camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario