Comienza 2013 y es un momento especial para hacer un alto en el camino y detenerse a pensar qué es lo que realmente se quiere lograr para este período que inicia. Si bien es cierto que este ejercicio se puede hacer en cualquier momento del año, ¿por qué no hacerlo ahora?
Lo primero es tener claro que tenemos, que hicimos y que no. No se trata de darnos látigo y centrarnos en aquellas cosas que no obtuvimos, sino en tener una mirada objetiva de nuestros logros y desaciertos, que nos permita rescatar de allí los aprendizajes y plantearnos nuevas metas.
Un ejercicio sencillo que puede ayudar en este proceso de balance es escribir lo que se quería y se logró, lo que se consiguió sin pretenderlo (gracias a los “imprevistos”) y lo que no se pudo concretar. Una vez que se tiene la lista, se puede ver claramente dónde se está, qué debilidades y habilidades se tienen, qué se necesita y qué se quiere y de ahí empezar a pensar en el futuro.
Antes de pasar a formularse nuevos objetivos, se deben rescatar esos aprendizajes. Primero, con relación a los logros, unas preguntas que pueden ayudar son ¿qué fue lo que hice bien para alcanzar eso? ¿Qué habilidades puse en práctica? ¿Qué obstáculos superé y cómo lo hice?
Segundo. Los imprevistos: ¿Cómo los supe aprovechar a mi favor? ¿Qué camino había yo hecho para que ese imprevisto me fuera favorable?
Y finalmente, sobre lo que no logré concretar sería importante responder ¿Me esforcé lo suficiente? ¿Realmente quería lograr lo que me propuse? ¿Qué excusa me he colocado? ¿Qué otras cosas he dejado de hacer por la misma excusa?
Con estas respuestas sobre la mesa y otras que muy seguramente saldrán al ir avanzando en cada pregunta, es tiempo de arrancar a mirar hacia adelante y comenzar a plantearse qué es lo que se quiere para este nuevo año.
Para ello, es importante revisar las diferentes áreas de la vida: la laboral, salud, afectiva, pareja, familiar, financiera, etc, y a partir de allí definir que se quiere en cada una de ellas, que se quisiera ver realizado al término de tres meses, seis meses, doce meses.
También, hay que diferenciar qué es lo urgente y lo importante para llevar a cabo de forma tal que se le dé tiempo real todos los días a lo que se considera importante y no se caiga en el peligro de atender siempre lo urgente, porque eso y la cotidianeidad sin objetivos hace que el camino sea más largo y muchas cosas queden sin cumplir.
Como complemento, en cada uno de los objetivos que se fijen en dichas áreas es importante tener en cuenta desde el comienzo que se requiere para que sean cumplidos, ¿qué recursos físicos, económicos, emocionales se necesitan?¿dónde los puedo conseguir?¿cómo?¿en quién me puedo apoyar?
Una sugerencia interesante es armar carteles con los objetivos y esconderlos en lugares que nos puedan sorprender al encontrarlos, como una solapa que no se usa mucho de la billetera, el botiquín, una caja de zapatos, por ejemplo, de forma tal que nos recuerden en cualquier momento aquello que estamos persiguiendo.
Y con todo listo, lo más importante es la ACCIÓN. De nada sirve una linda planeación si no emprendo acciones para ponerla en marcha. Y no olvidar que todo es más sencillo si…
1. Crees en tus sueños.
2. Confías en ti mismo.
3. Escuchas a tu corazón.
4. Sigues tu pasión.
5. Ignoras a los que te dicen que no lo conseguirás.
6. Conoces y valoras tus habilidades.
7. Haces todas las cosas con amor.
9. Contribuyes a crear un mundo mejor.
10. Disfrutas de la vida y eres feliz.

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